Leer, es un poco leerse a sí mismo

Así como hay muchos géneros literarios e, incluso, hay textos que no entran en ninguno de ellos; hay tantos tipos de lectores, como cantidad de libros en el mundo. Incluso, me atrevo a decir, que cada uno de nosotros es un tipo de lector diferente ante cada libro.

Al leer construimos un mundo, una realidad paralela a la nuestra en la cual nos adentramos a través de las palabras que el autor nos transmite por medio del narrador. Es entrar en un mundo que también está dotado de nosotros mismos y de nuestras lecturas previas.

En realidad, alguien dijo, no sé quién, que cuando uno subraya un libro se subraya a sí mismo, y es cierto.
Julio Cortázar

Leer nos abre la mente a nuevas posibilidades y nos permite considerar diferentes puntos de vista. Sin embargo, nunca dejamos de leer desde nosotros mismos, desde nuestros intereses y puntos de vista.

A lo largo de nuestras vidas pasamos por distintos momentos como lectores y nos identificamos con diferentes tipos de textos. Incluso, durante un mismo año podemos ir de un tipo de lectura a otra. No solemos leer lo mismo y de la misma forma en unas vacaciones, que en el tiempo que le dedicamos a diario a esparcirnos con un libro. Tampoco leemos lo mismo cuando queremos profundizar en un tema o género, que cuando estamos buscando solamente un rato de placer.

La lectura nos permite evadirnos de la realidad, para después volver a ella con otros ojos, con otra mente. Y esto no pasa solamente al leer clásicos y la tan renombrada “alta literatura”, nos pasa también ante un artículo periodístico, un ensayo, un bestseller y una obra popular. Las letras nos transforman, no importa el género o tipo de literatura, nunca somos el mismo que éramos al terminar una lectura.

¿Vale dejar un libro inconcluso?

Si, sin lugar a duda. Así como hay gente con la que uno no congenia, hay libros que no nos seducen, que no nos llaman a seguir leyéndolos y, a menos que debamos hacerlo por trabajo o estudio, no tiene sentido que perdamos el tiempo en terminarlos, pudiendo optar por leer algo que nos resulte más interesante. Tal vez, simplemente sea una cuestión de tiempo y en otro momento volvamos a cruzárnoslo y lo encontremos irresistible. O tal vez no, el abandono sea para siempre.

Como en todo, siempre encontramos alguna categoría en la cual podemos inscribir las cosas y, los tipos de lectores no es la excepción. Podría mencionar que entre las categorías de los distintos tipos de lectores encontramos al:

✓ lector polígamo vs lector monógamo, según la tendencia del lector a leer varios textos en simultaneo o dedicarse solo a uno a la vez.
✓ lector altruista vs lector egoísta, dependiendo de lo generoso que sea en relación con compartir con el resto de la gente las obras que le han gustado.
✓ lector extrovertido vs lector introvertido, según éste sea más proclive a experimentar en distintos géneros y autores o más fiel a lo que sabe que le gusta, sin apartarse de su género o autor de culto.
✓ lector disperso o lector enfocado, dependiendo de lo capaz que sea de terminar las obras que empieza (independientemente de si lee una o varias en paralelo).
Así como estas categorías, también podemos encontrar muchas otras con sus correspondientes antagónicos. Hay quien marca los libros y quien los tiene impolutos, quien colecciona libros sin leer y quien no compra otro hasta terminar el que tiene entre manos… Podríamos seguir por horas nombrando características. Lo importante, más allá de en cuál de ellas nos sintamos inscripto o más cerca, es que estemos dentro de la más amplia de todas: la de lector. Porque, parafraseando a Martín Kohan, apoyo su teoría de que, quien no lee, es porque aún no se ha encontrado con el libro correcto.

Aunque sea una vez en la vida, hay que participar de un club o taller de lectura. La participación en talleres de lectura o clubes literarios es un plus sumamente importante. Participar de una lectura en conjunto nos lleva a salir de nuestra zona de confort, en donde nos quedamos con nuestro punto de vista y nuestros pensamientos y nos exponemos a la opinión del otro, a su manera de leer y significar el texto. Es un desafío muy interesante darle cabida a la opinión de otro en ese espacio tan personal y propio, en esa relación tan íntima nuestra con el texto. Leer en comunidad nos pone en evidencia que hay tantas lecturas posibles como lectores hay en el mundo.

El escritor, ¿piensa en el lector al escribir?

Si y no, o tal vez sea más un punto intermedio entre ambas respuestas. Por supuesto que al escribir siempre se considera que ese mensaje tiene un lector/ destinatario pero, dependiendo del tipo de texto y del tipo de escritor, el autor va a tomarlo más o menos en cuenta.

Hay autores que tienen muy en claro que desean escribir para fidelizar a su público y, a medida que van avanzando en su carrera van sabiendo hacia donde llevar sus textos para satisfacer las necesidades de su gente. Hay otros que lo que buscan en la escritura es, como decía Gabriel García Márquez, responder sus propias inquietudes, entender el mundo a través de la escritura y, si bien saben que hay un lector del otro lado de la página, siguen más una intuición y buscan, no tanto complacer a su público, sino desafiarlo. Esta concepción, que se acerca más a la idea de lector que tenía Julio Cortázar, es la que a mi me interesa. Seguramente porque lo que busco, tanto en la lectura como en la escritura, es un desafío.

En el caso de la lectura (como en la vida, podría decir), soy bastante inquieta y transito de un lugar a otro buscando lugares de confort en algunos momentos, como de disconformidad en otros. Participo desde hace uno años en clubes de lecturas buscando justamente incomodar mi punto de vista, romper con la hegemonía de manera de leer para poder abrirme a otras formas de pensar las letras y, en consecuencia, el mundo. Mientras que, en la escritura, necesito el desafío de poder hacer de ese instante común, un hecho único, una experiencia trascendental que ponga en evidencia lo efímero e irrepetible del momento vivido.

Vos, ¿qué tipo de lector sos?